España, tan dada a fastuosos funerales, acompañados de fanfarria y batahola, ha dejado pasar la ocasión, ante la pérdida de un gran hombre y una obra importante para la cultura en lengua española. El pasado 3 de abril, en Madrid, donde residió, fallecía el gran hispanista y poeta rumano/español Darie Novaceanu.

Alto, robusto, taciturno, un corpachón para un manojo de silencios; misterioso, senti-mental, intimista, solitario, serio hasta que le afloraba la sonrisa y se hacía campechano. Leo, una y otra vez, sus versos de Estado del tiempo, y me reencuentro con el ser exis-tencial, pegado a su infancia, a la tierra de su adolescencia, a la emoción, a su poesía de plata fulgente, que el tiempo oscurece pero no sepulta.

Darie Novaceanu, (Crasna, Oltenia, 1937-Madrid 20218), licenciado por la Universidad de Bucarest, dirigió el periódico Adevarul, embajador de Rumanía en España, 1991-97. Fundó el Instituto Rumano de Cultura. Periodista, profesor, gestor cultural y excelente introductor de la literaria rumana en España y de la iberoamericana en Rumanía.

Premio Nacional de Traducción, 1982, por su versión de Góngora al rumano y valedor máximo de la poesía y el pensamiento de Lucian Blaga, a quien hizo presente en el español. Llevó a cabo más de treinta traducciones de obras de Machado Juan Ramón, Lorca, Borges, Ernesto Sábato, Octavio Paz, Neruda, García Márquez, César Vallejo, Carmen Laforet, Álvaro Mutis, Gil de Biedma, Félix Grande, Pepe Caballero Bonald.

Su primer viaje a España lo realizó en 1968 y poco a poco se fue apasionando por nuestra lengua y modo de vivir, hasta que se estableció entre nosotros, dedicándose en cuerpo y alma al trabajo intelectual, puente entre su cultura originaria y la española, con prolongación a Latinoamérica, estudioso de los Mayas.

España le distinguió en 1989 con la Orden del Mérito Civil y en 2003 con la Orden Civil de Alfonso X el Sabio. En 1993, Premio de Poesía Luis Rosales, por su libreo Estado del tiempo, dentro de una labor inconmensurable en el campo de la lingüística y de la creación poética.

De aspecto retraído, ajeno, miraba con sorpresa e insistencia, con constante hambre intelectual. Sonreía apenas, no hablaba mucho, mesurado, constante, intenso: recelaba de la verdad categórica y de la “verdad que está a mi lado”, sin dejar nunca de “oler a menta y rosa”, ni de certificar con sobriedad el derrumbe de los “grandes imperios de los sueños”, porque “Tan sólo el que ha recorrido el mundo a pie/sabe el precio del agua y de la sombra”.

Alguna vez fuimos a la rosaleda del Parque del Oeste a hablar de poesía y del misterio de su lejana tierra, bajo la advocación de Trajano. Otras, nos sentábamos en un bar y él destilaba sus recuerdos con lentas gotas de sombra que se transformaban en ámbar de la más exigida pureza. Ante todo, poeta, cantor de una tristura existencial.

Y más libros y asuntos puestos en claro: tradujo y publicó la poesía temprana de Tristán Tzara, Mihail Eminescu, Tudor Arghezi, Bacovia; Antología de la poesía rumana contemporánea, en Barral, luego corregida y puesta al día, en Editura Elion, Bucarest 2002. Narrativa rumana contemporánea, Alianza Editorial, 1974. En Prensas Universitarias de Zaragoza, 2006, Antología poética general de Lucian Blaga. Aún, poesía propia, en español y rumano; Bajo el signo de Zalmoxis, de Mircea Eliade, recuperada por él, traductor y editor.

Lucian Blaga fue propuesto al Nobel de Literatura el mismo año que lo ganó Juan Ramón Jiménez. La propaganda comunista, cobarde, insidiosa, hedentina, se ocupó de desprestigiar la imagen del enorme pensador y poeta rumano, porque no se sometió a su férrea, incomprensible, miserable, sangrienta dictadura: lo anuló como una piltrafa y le hizo vivir una vida de espanto, acoso, tal un apestado. Esto lo explicaba Darie con serenidad y con decencia.

Hispanista de una pieza, considerable, tibar, cierto, secluso; correspondiente de la Real Academia Española de la Lengua, amante del arte y de la reflexión que genera, poeta con una hermenéutica genuina y un candor de gigante que nunca perdió el alma de niño.

Tomás Paredes

Presidente de la Asociación Española de Críticos de Arte/ AICA Spain

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