Carmen Pallarés

En Madrid, en el Barrio de los Austrias, en la calle Concepción Jerónima, en la fachada de un pequeño edificio hay una placa que nos dice que, ahí, estuvo el solar donde se alzaba la casa que acogió a Diego Velázquez cuando en 1623 se trasladó a la corte.  En efecto, ahí estaba una de las casas conocidas como las casas de Pedro de Hita, inmuebles sobre los que tenía derechos el monarca. Sí, ahí vivió Velázquez con su familia durante muchos años y, al parecer, el pintor fue ya su propietario desde 1637, hasta que años más tarde disfrutó de vivienda oficial, como diríamos hoy, en una casa cercana al Palacio de Oriente. Hablamos… de un Madrid histórico y desaparecido entre las brumas habituales de nuestras desmemorias, derribos y transformaciones. De un Madrid histórico, castizo y cosmopolita.

            La galería de arte que desde hace un año ocupa a pie de calle el edificio de Concepción Jerónima no es histórica, pero sí participa de las dos últimas características que he relacionado, el casticismo y el cosmopolitismo, como el barrio al que pertenece y, también, por otras circunstancias, como el propósito artístico de presentar y realzar lo original y originario, y lo global e internacional en su programación, algo que ya se ha vuelto realidad en las exposiciones de los seis artistas que hasta hoy han mostrado sus obras en ella, tanto de dentro como de fuera de nuestras fronteras. Asimismo, los fundadores de la galería son de dentro y de fuera, por decirlo así: Natalia Gomendio, española, ha sido galerista durante seis años en París, y Daniel Barroso, es un pintor argentino-suizo, de aprendizaje y trayectoria europea e itinerante. Con una exposición de Barroso, “Color interior”, abrió sus puertas APPA Gallery, cuyo nombre nos remite a la “Asociación Para la Promoción Artística Diego Velázquez”, que cuenta con llevar a cabo labores particulares de mecenazgo.

 

            El pintor que actualmente muestra individual, “Laberintos”, en la galería es el valenciano Mario Marini. Pintura y monotipos en cuyas composiciones está presente una interesante oposición, o… complemento, según como se opte por mirar y por considerar: signos y manchas que son puro impulso expresivo y configuraciones ordenadas, guiadas por el remanso de la reflexión, y ambas opciones y apariciones se funden y confunden, se mezclan, se maridan y divorcian, se apoyan y destruyen, siempre, sin duda, con elegancia, altura técnica y rotundidad.

Algo vibra demás en nuestro pulso al cruzar el umbral de esta galería, en el edificio donde estaba el solar que acogió a Diego Velázquez cuando vino a vivir a la corte, en la calle Concepción Jerónima, en el Barrio de los Austrias, en Madrid…

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