ESCULTURA Y PINTURA

El pasado 18 de abril fue la inauguración de la muestra que presenta Lorna Benavides y Charo Crespo, en el Centro Cultural de Moncloa; con tal motivo el Presidente Asociación Española de Críticos de Arte/AICA Spain, Tomás Paredes,  escribió para la presentación del catálogo editado lo siguiente:

 

LORNA BENAVIDES: LA ESCULTURA

 “Por lo que veo, leo, debato u oigo, pareciera que hoy no se puede comentar un trabajo artístico, una obra de arte, sin acudir al venero de citas de Walter Benjamin, Deleuze, Derrida, Lévinas, Foucault, Roland Barthes y compañía. Y se puede. Y la obra de Lorna es un claro ejemplo de ese poder adherirse a una estética sin complejos, con solercia.

 

La escultura ha sufrido en el último tercio del siglo XX el atraco de los impostores, el ataque imbécil de aquellos que pretendían ser originales, haciendo de la escultura un totum revolutum, en el que cabe todo. Y no, no es aceptable. La escultura se define por el concepto escultórico: orientación del espacio, dominio del entorno, movimiento, presencia, trascendencia de la materia, adhesión emotiva, simbolismo, metáfora, etc.

El arte no se improvisa, ni la historia o la poesía. El arte es consecuencia de un proceso, material, mental, sentimental, sensitivo, intelectivo. No hay arte sin pensamiento. La costarricense Lorna Benavides, con la provocación perceptiva de las formas que nos propone, nos pasea por la historia de volúmenes trascendentes, desde su génesis a su desarrollo más libertario.

El escultor emplea una vida en conocer el comportamiento de los materiales y, de sólito, se enamora de uno, como Lorna lo hace de la piedra (macael, calatorao, ónix, travertino, rojo alicante, nerinea). A pesar de que emplea otros materiales (madera de haya y cerezo, hierro, pizarra), para mi sabor, la piedra, el mármol, es su destino.

Aprendió dibujo con Alex Bierig, modelado y escultura con Joaquín Donaire, se licenció en Bellas Artes en Valencia. Todo ello habla de su bagaje, de los mimbres del oficio, imprescindible. Pero, para hacer escultura se necesita algo más: inteligencia para descubrir las formas, ver en la oscuridad, pasión para el sueño, lisura para los detalles, claridad para pulir la luz, ternura para hilar la emoción, decisión para el misterio.

Lo mejor en Lorna Benavides es su lenguaje vanguardista, referencial sin ser realista, cuando entusiasma con su intensa manera de decir la venustez en volúmenes sencillos, sensuales, fluidos, como si el mármol se hiciese ala y volare.

No hay que citar a nadie, ni guiarse tampoco por mis impresiones, para descubrir la presencia, la latencia, la emotiva sugerencia, la vibración mágica de piezas como Torso fecundo, Barcarola, Agua, Memoria del mar...

La escultura no es eso con lo que tropezamos cuando queremos ver una pintura. La escultura es el corazón de las formas que nos enriquecen, que nos alientan, que nos elevan, que nos distinguen. El espíritu del hombre en vigilia perenne. Un laberinto de sensaciones con vocación de eternidad, lo que determina la entidad de la materia, su virtud, estos torsos que nos seducen, estas estructuras fugaces a la vida.”

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