venancioEl sábado 18 de mayo, convocados por Francisco Blanco, vocal del Patronato de la Fundación Venancio Blanco, un grupo de jóvenes artistas se reunieron con Venancio, para celebrar su nonagésimo cumpleaños, hablando de dibujo, escultura, música, danza: arte.
En el mundo del arte, decir Venancio, es hablar de una institución, del escultor Venancio Blanco; de un maestro, con una ancha y larga trayectoria en la escultura contemporánea: profesor de la Escuela de Arte, de la Universidad, director de la Academia de España en Roma, académico de número de San Fernando y autor del mayor acervo de escultura religiosa de los últimos cincuenta años, no sólo en nuestro país, y el único que posee un museo personal con obra religiosa: Museo de Escultura Religiosa  Venancio Blanco de la Fundación Mapfre.
Ante su última obra- un yacente resucitado-, de grandes dimensiones, ya preparada para fundir, el maestro, ante los jóvenes, dio una lección sobre los materiales, del camino a seguir para hacer la pieza y sobre todo del dibujo:“sin dibujo no hay nada, en arte claro. El dibujo fija, centra, establece, ordena, genera. La idea es el capricho, el dibujo es el conocimiento. Yo bailo, bailo con las formas, les voy dando la vuelta hasta que forman pareja conmigo. Y bailamos en una danza enriquecida por el hecho religioso”.-
El maestro explicaba, preguntaba, bromeaba y serieaba; desde una trayectoria fructífera, recordaba su infancia: “los campos de Salamanca me enseñaron el impresionismo, la naturaleza y la armónica de Remigio, mi amigo ciego, fueron mi música primera. Luego vendrían Bach y los mirlos. Mi padre, veía que yo no era para el campo y me dio lo único que podía darme: libertad para que yo eligiera”.
Ante un mutismo sepulcral, el maestro, balanceándose, pero tieso, en pie, iba desgranan -do sus vivencias, sus dudas, sus errores, sus aciertos, sus sentimientos, su compromiso,  su vida de escultor, su vida difícil y alegre, ante un grupo de jóvenes formado por: Rocío Guerrero, Javier de Benito, Albano, Peño, José Luis Cremades, Beatriz Aymat, Marcos Lozano, Helena Fernández, Carlos Cartaxo, Marta Malo, Víctor Alba, M. Lourdes Castro, Irene Cruz, Diana García Roy y Leo García.
Y Venancio, con su boina calada, en un día invernal de primavera, seguía: “El dibujo lo es todo para el artista. Y el oficio. Sin oficio no hay regusto de ser escultor. El hecho religioso es lucidez, luz en tu interior, te guía, pero sin dibujo no puedes ir a ninguna parte. La línea como un mandato de la naturaleza”. Y el maestro levantaba la mano, suave y armónica, y dibujaba en el aire como si tuviere un lápiz o una sanguina, con trazos que silueteaban una figura acostada, que intenta levantarse.
Pasamos a otra estancia del estudio y mostró a todos el “Cristo yacente”, madera de  pi-no, hecho en homenaje a su hermano Juan. Volvió a la “espiritualidad, hay materia y oficio, pero con sólo eso no basta. Hay que buscar la emoción, el sentimiento, esa fuer-za que se transmite a una obra”. Y continuó con la música, explicando como había concebido y desarrollado la Novena de Beethoven: “un plano vertical para el primer movimiento, que se eleva como un vuelo; luego viene algo más suave, un ritmo horizontal, sigue el allegro, el desarrollo, la construcción de la magia de un mundo deslumbrante. Y tú estás sólo dejándote llevar, sirviendo a la idea del creador y de Beethoven. Algo maravilloso, que no se puede hacer, sin oficio, sin dibujo, sin pensamiento, sin sentimiento, sin alegría, sin entrega, sin la persecución de un sueño, sin tu yo más puro”.
Al final, Venancio entregó a cada uno un monotipo firmado, que había hecho para la ocasión. Y tras una foto de grupo, bajo el magnolio de los mirlos, aquí paz y después gloria. Naturalmente, yo fui testigo de esos momentos irrepetibles del gran escultor transmitiendo a los jóvenes su exaltación y sus dificultades, sus miedos y sus alegrías, su fascinación y su búsqueda, su devoción y su naturalidad. Y de algunas explicaciones de Peño, sobre los comportamientos de la materia. Y de otros, más tímidos o más sorprendidos por este encuentro magnífico, amenizado con el canto de la lluvia

Presidente de Asociación Española Críticos de Arte/AICA.Spain

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